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Lo que Ocurre Cuando el Tratamiento de un Signo Vital Descarrila a un País: La Epidemia por Opiáceos en Estados Unidos
Chidgey BA, McGinigle KL, McNault PP.
JAMA Surgery 2019;154:987-988.
Noviembre de 2019

Magnitud del problema: el diario The New York Times publicó una estadística: “de todos los países del mundo, los Estados Unidos consumen la mayor cantidad de drogas adictivas per cápita”. Esto se publicó en 1911 a partir de una declaración del Comisionado contra el Opio, quien le llamó: “la droga más perniciosa conocida por la humanidad”. A pesar de esto y después de más de 100 años, cada año fallecen más de 70,000 personas por sobredosis, 67% por opiáceos.

El papel de la prescripción: desde finales de la década de 1990 hasta 2012, la prescripción de opiáceos en recetas aumentó continuamente en Estados Unidos hasta 225 millones al año, por lo que la prescripción médica se identificó como una de las causas de la crisis causada por los opiáceos. Un estudio reciente informó que a más del 90% de los pacientes sometidos a cirugía electiva les recetaron opiáceos y que al 77% les sobraron. Los riesgos se confirman al saber que 88% los consumen en exceso o utilizan recetas de familiares o amigos, y que 75% de los consumidores de heroína la obtuvieron por primera vez con una receta. 

Causas y mensajes: el ímpetu de los médicos para recetar opiáceos en exceso fue causado por desinformación, por presión de empresas farmacéuticas y por agencias reguladoras, al mismo tiempo que la Asociación Americana contra el Dolor declaró que el dolor era “El Quinto Signo Vital”. Fármacos originalmente indicados para tratar el dolor en pacientes con cáncer como Oxycontin se promovieron agresivamente como adecuados para personas con dolor por otras causas y como resultado, las ventas de Oxycontin aumentaron de 1996 al año 2000: de $48 millones de dólares a 1,100 millones de dólares. De ser una parte importante de la vida, el dolor se convirtió en algo inaceptable y aunque todavía había médicos renuentes a utilizarlos, las instituciones declararon que “en términos generales, los pacientes con dolor no se vuelven adictos a los opiáceos” y una carta muy citada y publicada en una de las revistas médicas más reconocidas del mundo afirmaba que “con tratamiento médico adecuado, la adicción a los opiáceos es muy rara”, por lo que fue muy citada por una de las principales empresas farmacéuticas que los fabricaban. El miedo a la adicción fue sustituido por el miedo a las consecuencias por no tratar el dolor, a pesar de que la adicción aumentara. Entre exigencias regulatorias para eliminar el dolor, la información sesgada sobre el riesgo de adicción, la mercadotecnia agresiva y el cambio cultural sobre el control del dolor, los médicos de Estados Unidos se convirtieron en cómplices de la crisis de los opiáceos. El problema es multifacético y tardará muchos años en resolverse; los médicos han abierto los ojos y están haciendo lo que les corresponde, faltaría saber si las organizaciones que afirmaron que el dolor era el quinto signo vital asumen su responsabilidad.